La era del consumo pasivo y la distracción.
Vivimos rodeados de tecnología diseñada para mantenernos conectados y consumiendo.
Las notificaciones constantes, el contenido infinito y los algoritmos nos llevan a reaccionar en lugar de actuar. Eso afecta a la concentración y limita la creatividad.
En niños y jóvenes el efecto es más profundo. Están formando sus hábitos mentales en un entorno que les premia por consumir, no por crear.
El riesgo: que sean una audiencia pasiva en lugar de protagonistas de su vida, capaces de pensar de forma crítica y de tener iniciativa.